QuiQue Silva

QuiQue Silva

LA POÉTICA DEL ARRAIGO DE ENRIQUE SILVA RODRÌGUEZ
Jaime Huenún
La poesía de Enrique Silva Rodríguez se abre paso desde la espesura y la niebla de un sur chileno íntimo y marítimo, donde el carbón aún hiere y alumbra las memorias de campesinos, ex mineros, aldeanos y pescadores las más de las veces sin gloria ni fortuna. La poesía de Lota y Coronel (ciudades carboníferas de la región del Bío Bío) no puede ser sino lluviosa, una poesía que a la vez se levanta y vuela ligada al fuego y la tragedia, al devenir de seres trabajados por un tiempo ajeno a la velocidad de las metrópolis, y deudora aún de un utópico progreso industrial que sólo fue una pompa de jabón en el aire de la Historia.
Se revela igualmente el amor en estos poemas, el amor sensual y el afecto por las figuras paternas, además de la ternura agreste dirigida a un territorio nunca domesticado del todo. Silva Rodríguez es un poeta que propone una obra arraigada a una visión de mundo en la que prevalece un antiguo sentido de comunidad, de vínculos compartidos, de sueños truncos, veraces e indómitos. Es la poesía de Enrique una cálida casa junto al mar. En ella el pueblo empapado y enardecido por los vientos salinos, se reúne y habla; habla al mar del fin de mundo, a los antepasados, a los objetos cotidianos, a los seres del aire, de la arena y la tierra, a los fantasmas que fuimos, somos y seremos. La voz del poeta individual es también la voz comunitaria, desplegada en muchas visiones, relatos, condiciones y lenguajes que comparten, a pesar de las fracturas personales y colectivas, el amor compasivo y fraterno por todas las cosas y seres que viven y mueren bajo la luz del sol.